Esto es lo que me encontré la semana pasada al entrar en la cocina. Mi querido iPad entre el microondas y la nevera. Mi santa lo había cogido para echar un vistazo a unas recetas y se había quedado por la encimera como un electrodoméstico más. ¿Qué creeis que sentí? ¿horror? ¿enfado?… Pues no. Me alegré y mucho.
Precisamente ese es el éxito del tablet en mi casa. Ha pasado de ser un objeto de culto gafapasta o herramienta de “productividad” para convertirse en el trasto en el que echamos un vistazo a las recetas, ojeamos las noticias, leemos nuestra revista digital favorita o aprovechamos los anuncios de la tele para jugar al Angry Birds.
Cuando el tablet se convierta en “ese trasto” que tan pronto está en el sofá como en la mesilla de noche habrá llegado la culminación de su éxito… y el de todos aquellos que se dedican a desarrollar productos especialmente enfocados a los tablet.
En resumen, si tu iPad acaba en el revistero del baño, yo sonrío.





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