Flexibilidad. Es un término, una cualidad que me gusta. Además creo que el vídeo es un buen ejemplo de su aplicación. De menos a más, cuanto más compleja una estructura, una taréa o un equipo más flexibilidad.
Voy a empezar a estirar un poco…
Un poco de Internet no puede hacer daño…
Flexibilidad. Es un término, una cualidad que me gusta. Además creo que el vídeo es un buen ejemplo de su aplicación. De menos a más, cuanto más compleja una estructura, una taréa o un equipo más flexibilidad.
Voy a empezar a estirar un poco…
Esto es lo que me encontré la semana pasada al entrar en la cocina. Mi querido iPad entre el microondas y la nevera. Mi santa lo había cogido para echar un vistazo a unas recetas y se había quedado por la encimera como un electrodoméstico más. ¿Qué creeis que sentí? ¿horror? ¿enfado?… Pues no. Me alegré y mucho.
Precisamente ese es el éxito del tablet en mi casa. Ha pasado de ser un objeto de culto gafapasta o herramienta de “productividad” para convertirse en el trasto en el que echamos un vistazo a las recetas, ojeamos las noticias, leemos nuestra revista digital favorita o aprovechamos los anuncios de la tele para jugar al Angry Birds.
Cuando el tablet se convierta en “ese trasto” que tan pronto está en el sofá como en la mesilla de noche habrá llegado la culminación de su éxito… y el de todos aquellos que se dedican a desarrollar productos especialmente enfocados a los tablet.
En resumen, si tu iPad acaba en el revistero del baño, yo sonrío.
Para muchos usuarios hasta hace poco Explorer era “el navegador”. Utilizar navegadores como Firefox u Opera era de Frikis. Solo los “mac eros” permanecieron ajenos a Explorer durante años.
Todo esto ha ido cambiando. Los problemas de seguridad y uso de Internet Explorer, la mejor formación de los usuarios, el crecimiento de la navegación móvil (con navegadores propios para Android o Blackberry y el dominio de Safari en iOs) o la irrupción de Google y su Chrome en el mercado han hecho que la situación cambie.
Según NetMarketShare la cuota global de mercado de Internet Explorer ha caído por debajo del 50%. En España, también se ha notado. Ahora mismo en algunos de los sitios en los que trabajo, como autoconsultorio.com o clubmoto1.com, la cuota de Explorer está en torno al 40%.
Hay una serie de personas, instituciones y empresas que se han empeñado en que España siga en el analfabetismo digital. Algo que, en las actuales circunstancias, mejorará muchísimo nuestra imagen exterior. Recordemos que hemos pasado del “milagro español” a “los que son como Grecia” en apenas 2 años.
Cuando no nos habíamos recuperado del calentón que supuso del “decreto Sinde” ahora aparece César Alierta, mandamás de Telefónica, par decirnos que pretende cobrar a los buscadores, a las redes sociales y a todo aquel que tenga la desfachatez de usar Internet para crear una aplicación o impulsar un negocio. Y todo ello, dicho en un país con la ADSL más cara de nuestro entorno.
Además, se despacha con unas declaraciones propias de un “malote” de barrio: “La inteligencia está en la red, y las redes son nuestras”. El tonito de “señorito de finca y siervos” solo pretende ocultar la realidad de lo que hay detrás: una incapacidad para asumir que las grandes empresas ya no lo controlan todo en Internet, que la Red fomenta el talento y la competencia (¡horror!) y que la crisis les empieza a afectar y necesitan buscar dinerito debajo de las piedras. En resumen, que detrás de lo que se supone que es una muestra de fuerza no hay más que inseguridad y miedo.
Lo peor de todo es que ahora mismo España necesita generar un clima de libertad y flexibilidad para emprendedores que no hay manera de conseguir. La crisis no ha sacado lo mejor de nosotros sino lo peor. Con declaraciones como esta seguimos fomentando la imagen de país antiguo, banaero y chusco.
En todo caso, hay esperanza. Si la ministra Sinde, la SGAE, Telefónica y el resto de zancadilleros siguen apretando más pronto que tarde aparecerán alternativas a sus leyes, a su derechos de propiedad intelectual y a sus redes. Y si no, tiempo al tiempo.
Por cierto, Marte y Trece ya tocaron este tema hace años:
Hace tiempo que Google viene recomendando que los sitios web sean rápidos. Además, se han esforzado por publicar guías muy interesantes para acelerar nuestros sitios web y a principios de diciembre presentó su iniciativa “Google Public DNS” que aunque para algunos es un intento de crear un “internet alternativo” para otros solo es una iniciativa más para “acelerar” Internet.
¿Y por qué se preocupa tanto google por este tema? ¿no debería ser algo que afectara unicamente a los usuarios que nos visitan? Sinceramente, creo que es una cuestión de recursos. Cada vez que la “araña” de un buscador indexa las páginas de un sitio tiene un tiempo y recursos limitados para hacer su trabajo. Tened en cuenta que la tarea de indexación se soporta en base a un software y un hardware que pretende indexar y analizar todo lo que se publica en Internet diariamente. Si el sitio web a analizar por la araña es lento tarda más en hacer su trabajo… o, directamente, no lo hace. Este último caso es precisamente el de Google.
Este gráfico puede servir de ejemplo:

Relación entre el tiempo de descarga y las páginas indexadas (Webmaster Tools de Google)
Se trata de la gráfica de las “Estadísticas de rastreo” que nos ofrece Webmaster Tools de Google de uno de los sitios que administro. Si os fijáis, he acotado con unas líneas la parte del gráfico que nos servirá de ejemplo.
A finales de noviembre tuvimos un problema en el servidor que hizo que el sitio web fuera más lento de lo normal durante unos pocos días. El resultado es que el “tiempo de descarga” detectado por la araña se eleva y, como consecuencia, el número de “páginas rastreadas” sufre un descenso muy acusado. La araña entra, empieza a rastrear y al ver que las páginas del sitio van lentitas… ¡se va!
Posteriormente, una vez solucionado el problema en el servidor, el tiempo de descarga baja y las páginas rastreadas repuntan.
Observad como el “castigo” de Google es desproporcionado. La proporción entre el aumento del tiempo de descarga y la caída de la indexación es espectacular.
Algunos de vosotros es probable que ya conocierais esto pero quería mostrar una gráfica real, de un sitio real (que además tiene bastante tráfico) para que seais conscientes del impacto que esto tiene en la indexación de las páginas y, por tanto, en el SEO de un sitio web. Espero os sea útil.
“ser desconocidos es una amenaza mucho mayor para los autores y los artistas creativos que la piratería”
Esta es una de las estupendas citas y fuentes que Javier Candeira (RTVE.es) utiliza en un artículo sobre los nuevos estándares de propiedad intelectual y la forma de obtener (o perder) beneficios en la nueva época que se avecina. Se trata de un análisis realista, ponderado y optimista.
Hay dos cosas que me gustan mucho del artículo: añade la perspectiva histórica y no se queda en el mundo de la teoría y la hipótesis sino que utiliza diversos ejemplos para defender sus tesis. No dejéis de leerlo.
Ayer no fui capaz de escribir algo coherente sobre el Proyecto de Ley de Economía Sostenible sobre Internet. Demasiada información, datos y puntos de vista. Era mejor esperar y escribir en un ambiente menos caliente. Voy por partes:
El trabajar en una editorial teniendo “alma de Internet” me ha hecho consciente de la necesidad de que haya un mínimo respeto a la propiedad intelectual. Cuando alguien “hurta” una prueba de una moto de motociclismo.es y la pone en su blog sin siquiera mencionar la autoría no solo copia un texto. Hace suyo el trabajo de un redactor, de un fotógrafo y de un probador que se juega el físico en la prueba. Tener ciertos tipos de contenido tienen un coste que alguien debe pagar. En lo que sí estoy de acuerdo es que el problema de fondo es el modelo de divulgación y de negocio.
En otros casos, como el de la industria musical, me temo que lo que se defiende no es el derecho de autor… sino el del monopolio de la distribución. Cada día aparecen más noticias que hablan de como muchos músicos empiezan a ganar dinero al margen de las discográficas: vendiendo su producto en Internet, haciendo conciertos, etc. Muchos de ellos han conseguido darse a conocer a través de la Red sin tener que pasar por el filtro interesado o subjetivo de un productor. La gente los escucha, valora y decide. Además, sitios y aplicaciones como Spotify, Itunes o Lastfm demuestran que otro modelo de distribución es posible y rentable para casi todos.
Me duele que este debate se centre en “las descargas”. Se está simplificando el debate en algo así como ¿piratería sí o piratería no? o ¿descargas ilegales sí o desacargas ilegales no?
Lo que está en juego es que para la defensa de un sector se comprometen los derechos fundamentales de todos los españoles. La creación de una comisión ministerial que puede bloquear un sitio web sin orden judicial nos recuerda a tiempos pasados. Una comisión formada por partes “interesadas” que no defienden a la cultura o a los autores sino un modelo de negocio. La minería está en crisis y no por ello se ha creado una comisión ministerial que vigile que todos tengamos una caldera de carbón en casa. En todo caso, aún en el supuesto de que realmente toda la industria cultural estuviera en peligro, no se pueden vulnerar los derechos fundamentales de toda la población para proteger o garantizar los de unos pocos.
Por tanto, mi posición es:
Somos una “sociedad de progreso”, “participativa”, “de talante”… palabras vacias. En España la participación ciudadana es ridícula. El tejido asociativo es mínimo y la mayor parte de las asociaciones con cierta organización y representatividad están politizadas. Con este ecosistema asociativo las administraciones y gobiernos sacan adelante leyes y proyectos con un “amplio respaldo social” a pesar de que la mayor parte de los afectados no se dan cuenta de las consecuencias de lo aprobado hasta que no lo sufren en sus carnes.
En una “sociedad participativa”, “plural” y “transparente” como la nuestra se aprueban “comisiones ministeriales” que recortan derechos de tapadillo, con nocturnidad, ocultas en un proyecto de Ley amplio y farragoso. En una” sociedad de talante” se publica una Ley y se dejan pendientes aspectos fundamentales de su aplicación a un Reglamento que nadie sabe quien, cómo y cuando aprobará.
Se ha utilizado la “coartada europea” alegando que lo que se pretende aprobar ya fue debatido y aprobado por el Parlamento Europeo la semana pasada. Falso y cierto a la vez. El Parlamento aprobó una directiva que no consideraba necesario el permiso judicial para la clausura de un sitio web pero sí la creación de un órgano que tenga en cuenta la argumentación del usuario o propietario del sitio. Es decir, reconoce el derecho de ese usuario o propietario a defenderse y, en todo caso, deja abierta la posibilidad a cada estado miembro de optar por el órgano que considere más conveniente para garantizar ese derecho (incluido el judicial). Del proyecto de Ley de Salgado y Sinde solo se desprende que nos darían tres aviso y luego… corte.
En todo caso, un gobierno que basa su imagen política en la defensa de la libertad, el pluralismo, etc… ¿por qué no transpone la directiva poniendo en juego todos estos valores? Como dice Sevach en su blog:
“La Disposición Final Primera viene cargada de problemas jurídicos de gran calado ya que la gran conquista del Estado de Derecho es que un juez intervenga cuando se trata de intervenir en la propiedad ajena o de limitar derechos“.
Por otro lado, el presidente del gobierno y algunos ministros y ministras se han apresurado a asegurar que no se cerrarán sitios web (¿entonces para qué liarla?) o que solo se cerrarán los que cometan delitos flagrantes contra la propiedad intelectual (¿esto lo decidirá el representante de la SGAE en la comisión?). En el supuesto de que nos creyéramos sus promesas… ¿qué ocurrirá cuando gobiernen otros? Una ley no se aplica unicamente durante una legislatura. Gobiernos futuros, sean del signo que sean, podrían aprovechar lo chapucero y ambiguo de la ley para censurar la Red. Y esto, para mi, desde una perspectiva histórica, es lo más grave.
Son muchos los que han criticado el formato y las formas de la reunión de ayer. Nadie eligió a los que fueron… salvo su propia iniciativa. La iniciativa de hacer un manifiesto (mientras otros jugábamos con la Wii) y peso en un sector como el de Internet fueron los que hicieron que fueran invitados al Ministerio. Seguramente la intención de la ministra fue desactivar la bomba antes de que explotara, hablar con un conjunto de personas variopinto políticamente hablando y, en la medida de lo posible, comprar voluntades. Y es que, según el blog de Enrique Dans, uno de los ofrecimientos fue que alguno de ellos perteneciera a la comisión ministerial. Mensaje: el que “pase por el aro” tendrá un carguito institucional y un sobresueldo en forma de dietas por ir a la comisión (o similar). Al parecer, nadie cayó en la trampa. Todos ellos, a pesar de haber apoyado al PSOE publicamente en otros asuntos y circunstancias tuvieron un discurso muy similar al salir de la reunión.
Yo me alegro de que fueran los que fueron y de que se mostraran intransigentes. Se consiguió relevancia mediática, se abrieron debates en las distintas esferas o ámbitos en los que los asistentes se mueven y… se twitteo la reunión. Se que hay a quien esto le pareció de mala educación e incluso ridículo (por ejemplo, al editorialista de El Pais de hoy) pero fue fundamental para que a partir de las 12h Internet fuera una hoguera y los propios medios, que hoy critican el canal de comunicación, ayer publicaran “en vivo” la evolución de la reunión. A esto añadiría la presión a la que se vio sometido el gobierno y los propios “negociadores” del ministerio. No es lo mismo negociar a puerta cerrada que saber que todo lo que dices y comentas está siendo seguido en tiempo real. Asusta… pero, de momento, ha funcionado.
Supongo que en el futuro se hablará de crear asociaciones, plataformas… Si no se hace bien será una pérdida de tiempo. Los políticos conocen y manejan bien el movimiento asociativo. Saben que suele ser lento, divisible, politizable… lo tienen en sus manuales.
Por último, no deja de tener su gracia que diarios generalistas como El Mundo o El Pais se despachen a gusto en sus editoriales contra el movimiento surgido ayer. Es algo que no controlan, que no pueden capitalizar, que les da miedo y en lo que tienen intereses particulares. ¿Y si la gente empieza a opinar con fuentes directas? ¿y si dejan de pensar y votar en función de mis editoriales? Volvemos al principio: nuevos modelos, nueva explotación… y para los diarios generalistas: más periodismo, más contextualización y menos política. Hace tiempo que algunos diarios han cambiado la pluma por el púlpito… y cansan.
Toda la actualidad “twittera” sobre Manifiesto “En defensa de los derechos fundamentales en internet” a través del tag #manifiesto.
Ante la inclusión en el Anteproyecto de Ley de Economía sostenible de modificaciones legislativas que afectan al libre ejercicio de las libertades de expresión, información y el derecho de acceso a la cultura a través de Internet, los periodistas, bloggers, usuarios, profesionales y creadores de Internet manifestamos nuestra firme oposición al proyecto, y declaramos que:
Publicado directamente desde el blog de Enrique Dans.
Esta tarde intentaré dar una opinión más personal sobre este tema.

Facebook lleva un ritmo de crecimiento espectacular
Facebook todavía está lejos de las cifras de la red de Yahoo! (no se si el gráfico incluye Flickr) pero dentro de poco empezarán a sentir su aliento en la nuca…
Mientras tanto, MySpace sigue tranquilamente su camino.