
Desde hace unos meses he visto cierto rechazo o desprecio a estrategias basadas en “email” y es algo que me llama mucho la atención. Generalmente, este rechazo no está tan relacionado con el tipo de estrategia como en la defensa de otras alternativas como las redes sociales. Nada que objetar, por supuesto. Estaría bueno que a estas alturas yo criticara en algo a las redes sociales. El problema es cuando elegir algo supone descartar otra cosa.
¿Por qué se descarta el email en favor de la utilización de Facebook, Twitter o cualquier otra red social?
Sincéramente, creo que una de las razones más importantes es la moda. El email no tiene pinta de 2.0 lo que lo hace “cosa del pasado” para profesores y alumnos de algunos cursos o ciclos de formación que llevan un “2.0″ en su título.
Ligado a esto de lo anticuado vienen otros argumentos. El primero es que el email es pasto del SPAM. Pues ni tanto ni tan poco. En los últimos años el filtrado del SPAM ha mejorado muchísimo (sobre todo en GMail donde casi ha desaparecido) y los servicios de email marketing se han esforzado por crear mecanismos de suscripción (con altas/bajas) más que eficaces. Por otro lado, con este tipo de argumentos se tiende a dar por hecho que las redes sociales no tienen SPAM y los que pasamos el 90% del día en ellas sabemos que no es cierto: mensajes inésperados en el muro, menciones inoportunas en el “timeline” de Twitter, etc…
Otra argumento es que el correo electrónico es intrusivo. En general, si recibimos un correo electrónico es porque nosotros hemos dado nuestra autorización para ello. Si no es así, tenemos el botón del pánico (correo electrónico no deseado), la posibilidad de darnos de baja, etc… Y volviendo a las redes sociales: tenemos problemas similares.
Un elemento de desventaja claro es la posibilidad de enriquecer el mensaje. Es cierto que podmeos hacer boletines con un gran diseño (y muchos hacks en HTML) pero será casi imposible incluir un vídeo o un audio que haga nuestro mensaje mucho más potente y entretenido.
El otro elemento de desventaja es que en una bandeja de entrada repleta nuestro único reclamo es un buen título y, si se trata de una publicación periódica, una línea editorial de calidad que nos haga “imprescindibles” para nuestro suscriptor.
Las ventajas del email
¿Por qué defiendo que el email todavía tiene recorrido? Porque funciona. Una buena campaña de email marketing a una lista de calidad (hecha por nosotros y con los clausulados adecuados), con una estrategia editorial adecuada y un calendario de envíos razonable supone un porcentaja de audiencia y conversión muy estables y de buenos resultados.
Por otro lado, si queremos transmitir un contenido desarrollado y un poco denso será casi la única alternativa razonable. A día de hoy el email sigue siendo un pequeño reducto de lectura pausada dentro de los sistemas de comunicación/conversación online.
Por último, un argumento importantísimo de cara a valorar el introducir el email en nuestra estrategia es que es probable que todavía encontréis a alguien a vuestro alrededor que afirme no tener cuenta en Facebook o Twitter pero es realmente complicado que ocurra lo mismo con el correo electrónico. A fin de cuentas, en muchos formularios de compra, suscripción o incluso en documentación oficial pueden llegar a pedirte un email pero no tu cuenta de Twitter.
Utilicémoslo todo
Esta oda al email no tiene como objetivo que alguien pueda priorizar una campaña de email marketing frente a otras. Siempre he defendido que una estrategia de marketing o comunicación social es una cóctel de medios y plataformas. Facebook, Twitter, Tuenti o incluso LinkedIn son plataformas casi indispensables en un plan de comunicación online pero eso no significa que haya que descartar otros medios y mecanismos por su longevidad o porque en el pasado hayan tenido algunos problemas de funcionamiento.
El email, como los roqueros, nunca muere.